MICHEL PETRUCCIANI

Hace poco tiempo me llegó un correo de una de las personas que más quiero, y que más me ha influenciado y apoyado en los últimos años; en principio parecía el típico correo que se envía por Navidad o por el final del año con buenos propósitos para lo venidero, sin embargo, el final de este mensaje decía: ” Nuestros deseos, serán nuestras órdenes.”

Llevo semanas pensando en esto. No puedo quitarme esta idea de mi ya destrozado cerebro..

Siempre pensé que esta manera de pensar era un poco de Budista barato, ya que he conocido a gente valiosísima, que siempre mostró una capacidad de esfuerzo absoluta, y con una eficiencia superior a la media que no han conseguido lo que querían (o eso creían) para su carrera artística, en el amor, o en su ámbito laboral y económico.

Sin embargo creo que el problema es que muchas veces lo que tanto ansiamos es algo que tenemos idealizado, y que casi siempre después de mucho trabajo, ya hemos conseguido en su verdadera esencia, pero que simplemente, no nos hemos dado cuenta de que ya lo estamos acariciando, besando, y que en muchas ocasiones tenemos algo muchísimo más fuerte que todo eso.

El único requisito necesario para alcanzar un sueño es el ESFUERZO.

Y si algunos piensan que esto no es lo correcto, hoy les quiero presentar a un ser que nunca se dejó llevar por la fuerte corriente de la normalidad (ese concepto tan mediocre)  y que con mucho, muchísimo trabajo y entusiasmo ha relegado a todos los que en ocasiones andamos por el mundo como si la vida no fuese algo necesario de ser vivido con la máxima intensidad, a la ya mítica altura del betún,  MICHEL PETRUCCIANI .

 

Michel Pettrucciani se rompió todos los huesos de su cuerpo nada más nacer, sí TODOS!! Padecía una enfermedad llamada Ostegénesis imperfecta, coloquialmente denominada “huesos de cristal”, una enfermedad congénita, es decir, presente al nacer, que se caracteriza por la falta de una proteína, el colágeno. Lo que hace que las personas que la sufren tengan los huesos increíblemente débiles, de una debilidad casi imposible de imaginar, tal que con un simple abrazo o un apretón de manos se pueden romper en mil pedazos.

 

Sin embargo, con nada más y nada menos que cuatro añitos, a MICHEL PETRUCCIANI se le metió en la cabeza que quería ser pianista, y le pidió a sus padres que le regalasen un piano; sus padres, pertenecientes a una humilde familia de clase media francesa, allá por los años 60, le compraron un costoso piano para niños, o sea, de juguete. Pues bien, lo que hizo el pequeño Michel no fué alegrarse y agradecer a sus padres esta compra, si no que pidió a su madre un martillo, y ésta cuando, desconcertada por no saber para qué su niño quería un martillo, se lo puso entre las manos pudo contemplar como Petrucciani rompía el carísimo juguete con él.

Padre y madre le comenzaron a gritar y reñir pidiéndole explicaciones de porqué había cometido tal acto destructivo con ese piano de juguete, a lo que Michel Petrucciani (que, repito, en ese momento tenía 4 años) respondió:

– Pero es que no me váis a tomar nunca en serio? Yo quiero ser pianista, necesito un piano de verdad y no un juguete para niños. Y si lo rompí es porque no quiero perder el tiempo.

 

Este episodio puede sólo parecer la cabezonería de un niño caprichoso y con exceso de mimos pero afortunadamente para la historia de la música y del ser humano en su totalidad, los señores Petrucciani hicieron caso a su hijo y en pocos meses trajeron a casa un piano verdadero.

 

Y esto fué lo que pasó:

 

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s